Lo que pagaba el bono y lo que quedaba fuera
Las convocatorias del Kit Digital están cerradas: las de los segmentos I y II lo hicieron el 31 de diciembre de 2024, la de medianas empresas el 30 de junio de 2025 y las dos últimas —Segmento III y comunidades de bienes— el 31 de octubre de 2025. A 21 de octubre de 2026 no hay ninguna convocatoria nueva en el BOE ni en la sede de Red.es. El bono dependía del número de empleados: 12.000 € en el Segmento I, 6.000 € en el II, 2.000 € en el III (3.000 € para solicitudes presentadas desde el 14 de junio de 2024), 25.000 € en el IV y 29.000 € en el V.
En la categoría de comercio electrónico, la guía oficial de justificación dejaba claro qué se declaraba: los costes de implantación reflejados en factura, con los impuestos excluidos. Montar la tienda, en suma. Vender en ella —cobrar, enviar, devolver, alimentar el catálogo— quedaba fuera, y ese hueco es el que recorre esta guía.
La Orden TDF/39/2026 mantiene las bases vigentes hasta agotar los fondos del programa y obliga a reinvertir los remanentes, pero no abre convocatoria alguna. No hay anuncio oficial de una nueva ayuda con importes, segmentos ni fechas, así que todo lo dicho aquí sobre el bono es historia, no oferta vigente.
La pasarela se configura una vez y cobra en cada venta
Que la pasarela estuviera configurada no significaba cobrar sin coste. Cada operación suele llevar una comisión fija más un porcentaje sobre el importe y, según el proveedor, gastos adicionales por contracargo o disputa. No era un coste de implantación: es un gasto operativo que corría por cuenta del comercio en cada venta.
Antes de fijar precios conviene pedir a la pasarela la estructura completa por escrito: cuota de alta y cuotas periódicas si las hay, comisión fija por operación, porcentaje por venta, coste por devolución de cargo y si la tarifa cambia según el tipo de tarjeta o la moneda. Con esos números se calcula cuánto queda neto de un pedido tipo —el propio, no uno inventado— y si un descuento o un envío gratuito caben en el margen.
Sobre las disputas, mejor preguntar antes de firmar que asumir después: cómo se factura, quién asume su coste y dónde queda el importe de la venta mientras se resuelve. Son respuestas que deben estar en el contrato, no en una conversación.
Los portes crecen con cada pedido
Configurar las formas de envío formaba parte de la implantación de la tienda; pagar los portes, nunca. Al comparar transportistas conviene mirar más allá del precio de un bulto suelto: tarifa por bulto adicional, aplicación del peso volumétrico, suplementos por zona o isla, seguro incluido y quién corre con el envío inverso.
Dos transportistas casi idénticos en el primer paquete pueden diferir mucho en el segundo y en el tercero. La comparación debe hacerse con pedidos reales —dos artículos, tres, con devolución— para que el coste por envío que salga sea el de verdad.
Las devoluciones se presupuestan, no se improvisan
Las devoluciones conviene tratarlas como partida presupuestaria, no como accidente. Cada una puede sumar un envío de vuelta, un reembolso y el tiempo de revisar y reponer el producto. Si no se cuentan, el margen parece mejor de lo que es.
Orientación práctica: anota cada devolución con su coste completo durante unos meses y saca el porcentaje real sobre las ventas. Con ese número se decide qué se ofrece al cliente, cómo se empaqueta para que llegue intacto y qué referencias salen por debajo de coste.
Las fotos del catálogo también son un coste
El catálogo hay que alimentarlo, y la imagen es buena parte del escaparate. Con medios propios se logra un resultado digno: móvil con luz natural y sin flash, fondo homogéneo, la misma distancia y encuadre en toda la gama, dos o tres imágenes por producto y tamaños de archivo uniformes.
Externalizar compensa cuando hay mucho catálogo, rotación rápida por temporada o cuando el producto se vende por imagen, como moda o decoración. Si se contrata un pack de fotografía, hay que ver muestras con productos parecidos y dejar definido qué ocurre cuando una imagen hay que repetirla.
Cuando termina el servicio de implantación
La tienda no se sostiene sola: precios y stock que cambiar, campañas que preparar, incidencias que atender. Cuando acaba el servicio contratado para la implantación, toca decidir entre renovar con el mismo proveedor o migrar, y esa decisión conviene tomarla antes del vencimiento del contrato, no después.
Qué preguntar antes de renovar: quién atiende las incidencias de la tienda y en qué horario —una caída en plena campaña se paga entera—, tiempo máximo de respuesta, si las actualizaciones y las copias de seguridad están incluidas, qué cambios de contenido se facturan aparte y cuánto cuesta llevarse la tienda a otro proveedor. Por escrito, en el contrato.
Cómo presupuestar sin sustos
Antes de cerrar el precio de la tienda conviene poner números a cinco partidas: comisión media de la pasarela por pedido, coste medio de envío, coste completo de una devolución tipo, coste de fotografiar una referencia nueva y cuota de soporte cuando el servicio inicial termine. Con eso se sabe cuánto cuesta vender, no solo montar.
Última cautela: los importes del bono citados en este artículo corresponden a las convocatorias ya cerradas del Kit Digital. Si se convocan ayudas con los remanentes del programa, tendrán sus propias bases, importes y requisitos, hoy no publicados. Para seguir el asunto, los canales oficiales son Red.es, la sede de Red.es y Acelera pyme.
Fuentes consultadas
portal.gestion.sedepkd.red.gob.es — Guía de justificación de la categoría Comercio electrónico: costes de implantación en factura, impuestos excluidoskitdigital.red.es — Convocatorias del programa Kit Digitalespanadigital.gob.essede.red.gob.esportal.gestion.sedepkd.red.gob.essedepkd.red.gob.esLos ejemplos son orientativos y no implican que un proyecto sea subvencionable. La financiación depende de las bases y de la convocatoria aplicable.
Para seguir explorando
- Comercio electrónico: qué cubría la categoría
- Categorías del Kit Digital
- Importe del bono por segmento
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